El Sueño Chileno

07.05.2015 18:51

Es tal la situación en el país de todas las fiestas y todos los Santos que estamos exportando delincuentes; y como pagan justos por pecadores, muchos caen en la estigmatización, como Andrea, una joven de 27 años que se vino hace dos años al país austral, buscando mejores oportunidades,  el mismo  sueño que en un tiempo  muchos latinos buscaban en Estados Unidos. Esta es su historia.

 

El Sueño Chileno

 

Conseguir trabajo era mi prioridad. Primero me dijeron: - necesitas el permiso de trabajo, luego ya no era el permiso de trabajo sino la visa y después de un año no era la visa sino el hecho de ser Colombiana, lo que impedía que me contrataran. Comencé a pasar los filtros de las entrevistas cambiando de acento y ocultando mi nacionalidad, pero siempre se la pillaban, era la colombiana, y a sus ojos no era más que otra delincuente, que venía a prostituirme o quitarle el marido a las chilenas y en el mejor de los casos, a robar.

Una señora, dueña de un almacén, me dijo: - niña, te contrataría, pero una colombiana se llevó a mi esposo, así que a las colombianas no les tengo confianza.

Otra me sugirió que podía trabajar en un Café con Piernas, que ahí había un par de paisanas, que seguro allí me contratarían porque mi perfil no era suficiente para el trabajo de publicista en su empresa.

¿Mi perfil?, ¿un título universitario y dos especializaciones no eran suficientes?.

Para no pedirles dinero a mis padres porque sé que no tienen, he dormido y comido en albergues de iglesias, pero al cierto tiempo debes irte y darles la oportunidad a otros. ¿Los otros? Colombianos.

He presentado muchas entrevistas, me he postulado para trabajos a los que nunca esperaba postularme; conozco casi todo Santiago llevando hojas de vida, pero el hecho de ser colombiana me ha cerrado muchas puertas. Ya me he relajado un poco,  no me acuesto llorando, pero cada vez me decepciono más. Trabajo en un club de ricos, que recibe a personas del mismo grado de desesperación que yo, entre otras cosas indocumentados colombianos y peruanos a los que no tienen que afiliar a ningún sistema de seguridad social y  que  se transan por 15 mil pesos chilenos diarios. Vivo con una amiga que hice en la iglesia, la habitación me vale 70 mil pesos, no me devuelvo para mi país porque la situación es peor que la de aquí; tengo alguna esperanza, el peso del fracaso es mayor.